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Memoria histórica y pedagogía pública a 50 años del cierre de las Escuelas Normales en Chile.

La primera Escuela Normal de Preceptores en Chile fue fundada el 17 junio de 1842, durante el gobierno de Manuel Bulnes, y constituye un hito inaugural en la historia de la formación docente en el país. Fue la primera escuela normal de América Latina y se convirtió en un referente continental clave en la profesionalización del magisterio. Su primer director fue el intelectual argentino Domingo Faustino Sarmiento, quien impulsó un modelo pedagógico moderno, centrado en la instrucción pública, el compromiso cívico y la alfabetización popular que dejó una huella importante en la concepción y organización del sistema escolar chileno.

La escuela tenía como misión formar maestros primarios capaces de expandir la instrucción pública a lo largo del país, especialmente en sectores rurales. A diferencia de la educación universitaria de la época, elitista y orientada a las profesiones liberales, las Escuelas Normales ofrecían formación gratuita, con internado y becas, facilitando el acceso de jóvenes de sectores populares al magisterio. Su estructura combinaba formación moral, práctica pedagógica sistemática y un fuerte énfasis en el servicio público, proyectando un modelo de docente como servidor del Estado y constructor de ciudadanía.

La influencia de esta institución trascendió las fronteras chilenas. Sarmiento replicaría parte de su experiencia en la posterior creación de escuelas normales en Argentina, mientras otros países como Perú y Colombia adoptaron elementos del modelo chileno. Chile se consolidó, así como referente regional en políticas de formación docente durante el siglo XIX, posicionando la labor pedagógica en el corazón del proyecto republicano. Su legado, particularmente en la formación de mujeres como agentes educativas y en la expansión territorial del sistema escolar, perduró por más de un siglo, configurando un modelo de docencia con fuerte identidad pedagógica, profesionalismo y vocación pública.

En paralelo, en Estados Unidos se desarrollaba una tradición similar. En 1839 se fundó la Lexington Normal School en Massachusetts (hoy Framingham State University), y en 1865 se creó la Escuela Normal de Baltimore, antecesora de la actual Towson University.

Estas instituciones respondían a un mismo espíritu reformista: profesionalizar la docencia en el contexto de la expansión de la educación pública. Aunque en contextos culturales distintos, tanto las escuelas normales latinoamericanas como las estadounidenses compartieron el objetivo de elevar la enseñanza primaria como base para la ciudadanía y el progreso nacional, muchas veces bajo la influencia del modelo prusiano de formación de maestros.

El proceso de cierre de las Escuelas Normales en Chile culminó en 1974, pero su desarticulación comenzó años antes, en el marco de una serie de reformas impulsadas por el Estado desde la década de 1960. La creación de la Comisión de Planeamiento de la Educación Chilena en 1961 marcó el inicio de un ciclo de modernización que buscaba reestructurar la formación docente, integrándola progresivamente al sistema universitario. Esta transformación fue promovida por sectores técnicos y políticos que consideraban que el modelo normalista, centrado en la práctica pedagógica, la disciplina moral y la vocación pública, había quedado rezagado frente a las nuevas demandas del sistema escolar y del desarrollo nacional.

Sin embargo, el cierre definitivo de las Escuelas Normales en 1974, bajo la dictadura militar, no fue solo el resultado de un proceso técnico de modernización. También respondió a una decisión política de desmantelar el modelo estatal y popular de formación docente, históricamente vinculado a la educación pública, la equidad territorial y la movilidad social. Esta medida implicó la eliminación de una red nacional de instituciones que, por más de un siglo, habían formado a miles de maestros y maestras, en su mayoría provenientes de sectores populares con un fuerte sentido de misión pedagógica y compromiso social.

Las consecuencias fueron profundas. Por un lado, se rompió la continuidad histórica de la identidad pedagógica chilena, al suprimir un modelo formativo que articulaba saber práctico, ética profesional y pertenencia comunitaria. Por otro, se acentuó la centralización y elitización de la formación docente, al trasladarla casi exclusivamente a universidades urbanas, muchas veces desconectadas de las realidades locales que las Escuelas Normales habían atendido.

Además, la desaparición de estas instituciones significó la feminización aún más marcada del magisterio, ya que muchas Escuelas Normales de mujeres fueron cerradas sin que se ofrecieran alternativas equivalentes en el nuevo sistema universitario. Esto tuvo efectos en la precarización laboral y en la desvalorización simbólica de la profesión docente, especialmente en los niveles de educación básica y parvularia.

En suma, la supresión de las Escuelas Normales no solo transformó el mapa institucional de la formación docente en Chile, sino que fracturó una tradición pedagógica centenaria, debilitando el vínculo entre docencia, territorio y proyecto republicano. Su legado, sin embargo, persiste en la memoria profesional de generaciones de maestros y en el debate actual sobre la necesidad de recuperar una formación docente con sentido público, ético y transformador.

 

 

ROBERTO MERINO ORÓSTICA
DOCTOR EN POLÍTICAS Y GESTIÓN EDUCACIONAL
Universidad de Playa Ancha 2012 -2018
Línea de investigación: Calidad de la educación superior,
Procesos de acreditación, formación inicial docente

 

 

 

 

 

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